miércoles, 13 de junio de 2012

Mallorca e Ibiza

"Quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa...". En esta canción Serrat habla de su tierra, de Barcelona, que es precisamente el lugar desde donde cogimos un barco hasta Mallorca e Ibiza. Sin embargo estos dos viajes fueron realizados en dos espacios de tiempo diferentes, y cada uno por distintos motivos.

En 2009 cuando tenía 16 años tuve una serie de problemas en el colegio que me dejaron marcada para toda la vida. Aún así poco a poco los fui superando y en parte fue gracias a este viaje. Decidí irme a pasar unos días a Ibiza con mis primos y mis padres, con la intención de dejar todo atrás y dedicarme a disfrutar el verano. Allí tuve la oportunidad de realizar mis primeras inmersiones y establecer lazos más fuertes con una familia que tenía prácticamente abandonada. Dada la situación en la que viajaba no me importó la fiesta, que es mucha, pero si salí con mi primo a tomar algo varias de las noches que estuvimos allí. Nosotros estábamos en un hotel y ellos, mis tios y mis primos, estaban en una casa de playan que tenían con vistas a la cosa. En este viaje nos pasamos la vida en la playa: buceamos, nadamos hasta llegar a mar a dentro, hicimos fotos debajo del agua y saltamos desde las rocas más altas. Además pudimos disfrutar de la gastronomía de allí, ya que nos alimentamos básicamente del típico "menú del dia" que hay en todas partes. Después de comer disfrutábamos un poco más de la playa hasta que anochecía; entonces nos dábamos una ducha, salíamos a cenar y nos dedicábamos a pasear por los puestos de la playa. La verdad es que fue un viaje que disfruté mucho y del que me llevo muy buenos momentos, como el día que alquilamos una lancha y buceamos entre medusas o cuando alquilamos un patín y a causa de la marea, mis primos y yo, nos quedamos encayados entre unas rocas llenas de cangrejos. Fue en viaje muy divertido y que me ayudó a valorar todo lo que me rodea.

En cambio, el viaje a Mallorca surgió cuando volví de Australia. Allí había echo un sólido grupo de amigas, de las que ahora no sé mucho, pero queen su momento fueron como dos hermanas. Es verdad que yo a Australia no fuí a hacer amigos, pero al final fue inevitable. Pase todos los días con ellas: íbamos a comprar, a la playa y a todas partes en general; nos reíamos de tonterías y nos contábamos secretos. En fin, como suelen hacer las amigas. Bien, resultaba que una de ellas tenía una casa en Mallorca, en Port de Alcudia, y allí que nos fuimos. Llegamos de Oceanía a principios de agosto y a finales de este mismo mes nos encnotrábamos otra vez juntas, pero en el Mediterráneo. Fue un viaje extraño. Lo pasamos bien, pero surgieron muchas diferencias. Allí nos dimos cuenta de lo diferentes que éramos entre nosotras. Mis ideas no coincidían, en absoluto, con las suyas; y ellas eran dos niñas "mimadas" que no tenían ni idea de lo que había más allá de los yates o las fiestas de lujo. Básicamente nos dedicamos a eso, a las fiestas y a los yates. Es lo único que sabían hacer: gastar dinero y más dinero. A mí esa vida no me gusta, pero por una semana no estuvo mal. A pesar del cambio de relación que experimentamos, Mallorca es un lugar donde puedes relajarte y pararte a pensar sin interrupciones, todo gracias a sus playas y a las aguas cristalinas. Es una pena que esté tan lleno de fiesta porque la cultura o sierras como la de Tramuntana, son lugares dignos de pararse a fotografiar. En este lugar algunos solo ven fiesta y desenfreno, mientras que otros prefieren disfrutar de la flora y la faunia mediterráneas que allí se alojan. Es precioso.














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