
Los “hammames” o baños árabes, son más bien conocidos como espacios tanto de ocio, como de relajación y aseo. Son una de las tradiciones árabes más placenteras que existe, y que poco a poco van cobrando importancia en nuestro país. Estos baños son y fueron de carácter público. Tenían funciones de descanso, reunión social, higiene y hasta política. En nuestra Península, podemos tomar como principal ejemplo, todos los que hay en torno a las calles de Córdoba. Estos hammames aparecieron en el año 600, con Abd al-Rahmán, y la época de mayor esplendor. Otras ciudades españolas como Granada o Madrid, también cuentan con estas instalaciones dentro de su casco urbano. Gracias a la influencia andalusí, actualmente somos herederos de piscinas de aguas frías, calientes o templadas, zonas de masaje, salas de vapor, baños turcos y aceites aromáticos. Son lugares de calma y relajación, de ambiente silencioso o acompañado de música relajante, que permite revitalizar el cuerpo y descansar la mente. [1]
Un
hammam es un baño de vapor de agua. Las paredes y el suelo que lo rodean llevan
conductos, tuber´´ias hechas con cerámica, por donde pasaba el agua que
calentaba la zona de las calderas. Esta zona se mantenía caliente gracias a las
leñas que se quemaban en una zona cercana. Por lo tanto, no era solo el agua lo
que estaba caliente, sino también el suelo de mármol, donde era obligatorio
andar totalmente descalzo. Los andalusíes disfrutaban de estos baños por todo
al-Ándalus y también por el mar Mediterráeo. Los hammames eran lugares de convivencia
de las tres religiones, que sin embargo, eran muy criticados por alfaquíes. Y
para entender esto, no tenemos más que trasladarnos a los tratados de Ibn
Abdun, donde encontramos frases como: “un musulmán no debe dar masaje ni a
un judío ni a un cristiano”; “los bañeros, los masajistas y los barberos no
deberán circular por la casa de baños sino con calzones y zaragüelles”. [2]
“El
hammam es un lugar en el que los hombres,
Reunidos,
se parecen todos, ya sean criados,
Ya
sean señores.
El
hombre se codea con gente
Que
no son sus amigos
Y su
enemigo puede ser su compañero.”
-
Ibn
al-Mugallis
Durante la Edad Media,
cuando la España cristiana atravesaba un periodo de oscurantismo donde la
higiene apenas estaba planteado, la Córdoba musulmana presentaba en su panorama
social, más de seiscientos hammames. Estos baños públicos, herederos de las
termas romanas, iban desde lo más humilde a lo más lujoso. Sus muros estaban
alicatados y sus estancias se separaban por arcos y columnas, con techos
abovedados y claraboyas. No solo eran lugares de descanso, sino también de
reunión social y política. Algunos tratados de la época, muestran el refinamiento
de estos antepasados de la Península, y datan de todo tipo de detalles sobre
sus costumbres higiénicas, ¡incluso del uso de pasta dentífrica! Gracias a esta
sofisticación y cuidado personal, los hammames siguen funcionando en la actualidad.
Son muchos los que siguen acudiendo, por ejemplo para la realización de
abluciones, que como dice el Profeta: “la higiene es una manifestación de la
fe”. Es decir, que la importancia de cuidar el cuerpo viene de hace mucho
tiempo atrás, y que esto además suponga un placer, relajación y acto de fe,
supone una razón aún más de peso para seguir realizándolo. En el Islam, el agua es un don divino, pero también significa sabiduría y pureza, la única
bebida capaz de saciar la sed del alma. Es por ello, que el hammam que el
hammam está presente en cada una de las etapas de la vida: el nacimiento, la
circuncisión y el matrimonio. Estos maravillosos
lugares suelen estar revestidos de azulejos y rodeados de fuentes en su
interior. Están formados por tres salas correlativas, que van sumergiendo al
bañista por distintas temperaturas que se elevan de forma progresiva. [6]
El hammam de Ronda tiene la característica de haber sido
construido junto a la puerta más importante de la ciudad amurallada y el puente
romano. Entre los siglos XIII y XIV
Ronda pertenecía al reino nazarí y era uno de los pasos obligados hacia el
Estrecho y el Magreb, por lo que el trajín de viajeros y tropas era
considerable, de ahí probablemente el valor de este hammam, dispuesto en un
lugar clave, con la idea de facilitar a los viajeros y soldados la posibilidad
de un baño. La costumbre era que los hombres acudieran por las mañanas,
mientras que las mujeres lo hacían por las tardes. Ellas se depilaban empleando una mezcla de
azúcar con agua, que se aplicaba sobre la piel en caliente para luego tirar
extrayendo el vello con la raíz. Además se decoraban el pelo con henna y se
perfilaban las cejas o se hacían la manicura. Para ellas era una tarde con
amigas, vecinas y familia en un entorno en el que eran plenamente libres. Por
otro lado, no olvidemos que estos baños también tenían funciones religiosas,
como la purificación; o funciones sociales, como el encuentro, o el negocio. [3]
Ir al hammam supone seguir un ritual, que lleva su tiempo,
atravesando una a una, sin prisa, las tres estancias cada cual con su función.
Se accedía a un patio porticado con fuente en el centro, donde estaban las
letrinas en un costado, había una zona de vestuario y sala de recepción
(al-bait al-maslaj), luego se pasaba a la Sala fría (bait al-barid), que
consistía en un rectángulo con pequeñas albercas con agua fría para reposar
antes de proseguir hacia la sala templada (bait al-wastani). Finalmente
disfrutar de la sala caliente (bait al-sajun) junto a la caldera. Como ven a
medida que las salas se van alejando de la zona de la caldera, las salas se van
enfriando. [4]
“¡Cuánto fulgor y cuánto esplendor tiene
nuestro hammam!
Al
verlo, se diría que es cosa de magia.
Es
un refugio que reúne el agua y el fuego,
Como
el corazón que encierra alegría y tristeza.”
- - Tudela,
poeta del siglo XI
Funcionamiento
del Hammam (TELEMADRID)
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Bibliografía:
[1] http://www.muyinteresante.es/cultura/arte-cultura/articulo/ique-es-un-hammam
(mayo 2014, 13:15).
[2] Sevilla
a comienzos del siglo XII. Tratado de Ibn Abdun traducido por Emilio García
Gómez y E. Lévi-Provençal. Biblioteca de temas sevillanos.
[3] http://www.turismoderonda.es/catalogo/esp/baniosarabes.htm
[4] http://dealandalusasefarad.blogspot.com.es/2014/02/el-hammam-de-ronda.html (mayo 2014, 13:50)
[5] Esplendor
de al-Andalus. Henri Pérès, traducción de Mercedes García-Arenal. Libros
Hiperión.
[6] http://amazighen.wordpress.com/2010/05/03/hammam-el-placer-de-los-sentidos/ (mayo 2014, 10:56)
Hola, Ana
ResponderEliminarUn tema interesantísimo
Yo creo que esta tradición heredada de al Andalus es la que me le gusta a muchos españoles :)
Una cosa me extrañaría el dicho este: “un musulmán no debe dar masaje ni a un judío ni a un cristiano”. o sea no lo comprendo, o sea ¿estas segura de la fuente que lo mencionó?