martes, 20 de mayo de 2014

EL HAMMAM: de al-Ándalus a la actualidad


Los “hammames” o baños árabes, son más bien conocidos como espacios tanto de ocio, como de relajación y aseo. Son una de las tradiciones árabes más placenteras que existe, y que poco a poco van cobrando importancia en nuestro país. Estos baños son y fueron de carácter público. Tenían funciones de descanso, reunión social, higiene y hasta política. En nuestra Península, podemos tomar como principal ejemplo, todos los que hay en torno a las calles de Córdoba. Estos hammames aparecieron en el año 600, con Abd al-Rahmán, y la época de mayor esplendor. Otras ciudades españolas como Granada o Madrid, también cuentan con estas instalaciones dentro de su casco urbano. Gracias a la influencia andalusí, actualmente somos herederos de piscinas de aguas frías, calientes o templadas, zonas de masaje, salas de vapor, baños turcos y aceites aromáticos. Son lugares de calma y relajación, de ambiente silencioso o acompañado de música relajante, que permite revitalizar el cuerpo y descansar la mente. [1]  

Un hammam es un baño de vapor de agua. Las paredes y el suelo que lo rodean llevan conductos, tuber´´ias hechas con cerámica, por donde pasaba el agua que calentaba la zona de las calderas. Esta zona se mantenía caliente gracias a las leñas que se quemaban en una zona cercana. Por lo tanto, no era solo el agua lo que estaba caliente, sino también el suelo de mármol, donde era obligatorio andar totalmente descalzo. Los andalusíes disfrutaban de estos baños por todo al-Ándalus y también por el mar Mediterráeo. Los hammames eran lugares de convivencia de las tres religiones, que sin embargo, eran muy criticados por alfaquíes. Y para entender esto, no tenemos más que trasladarnos a los tratados de Ibn Abdun, donde encontramos frases como: “un musulmán no debe dar masaje ni a un judío ni a un cristiano”; “los bañeros, los masajistas y los barberos no deberán circular por la casa de baños sino con calzones y zaragüelles”. [2]

“El hammam es un lugar en el que los hombres,
Reunidos, se parecen todos, ya sean criados,
Ya sean señores.
El hombre se codea con gente
Que no son sus amigos
Y su enemigo puede ser su compañero.”
-          Ibn al-Mugallis

Durante la Edad Media, cuando la España cristiana atravesaba un periodo de oscurantismo donde la higiene apenas estaba planteado, la Córdoba musulmana presentaba en su panorama social, más de seiscientos hammames. Estos baños públicos, herederos de las termas romanas, iban desde lo más humilde a lo más lujoso. Sus muros estaban alicatados y sus estancias se separaban por arcos y columnas, con techos abovedados y claraboyas. No solo eran lugares de descanso, sino también de reunión social y política. Algunos tratados de la época, muestran el refinamiento de estos antepasados de la Península, y datan de todo tipo de detalles sobre sus costumbres higiénicas, ¡incluso del uso de pasta dentífrica! Gracias a esta sofisticación y cuidado personal, los hammames siguen funcionando en la actualidad. Son muchos los que siguen acudiendo, por ejemplo para la realización de abluciones, que como dice el Profeta: “la higiene es una manifestación de la fe”. Es decir, que la importancia de cuidar el cuerpo viene de hace mucho tiempo atrás, y que esto además suponga un placer, relajación y acto de fe, supone una razón aún más de peso para seguir realizándolo. En el Islam, el agua es un don divino, pero también significa sabiduría y pureza, la única bebida capaz de saciar la sed del alma. Es por ello, que el hammam que el hammam está presente en cada una de las etapas de la vida: el nacimiento, la circuncisión y el matrimonio. Estos maravillosos lugares suelen estar revestidos de azulejos y rodeados de fuentes en su interior. Están formados por tres salas correlativas, que van sumergiendo al bañista por distintas temperaturas que se elevan de forma progresiva. [6]

Para estudiar bien estos baños viajamos hasta Málaga, concretamente a los Baños Árabes de Ronda, que son unos de los mejor conservados de la Península. Durante el periodo andalusí, existieron muchos de ellos, tanto en el medio rural, como en zonas más modestas. A medida que avanzó el Islam, se fueron extendiendo y haciendo costumbre. Los árabes fueron absorbiendo y desarrollando técnicas propias de higiene, partiendo de la influencia de las termas romanas, que se extendían a lo largo del mar Mediterráneo. En este lugar existían más o menos cuatro baños, aunque el de Ronda era el más grande. Estaba situado a las afueras de las murallas, en un barrio de callejuelas y pequeñas plazas con viviendas y talleres de artesanía. Podemos localizarlo entre el arroyo de las Culebras y el río Guadalevín, gracias a su gran abastecimiento de agua. [5]

El hammam de Ronda tiene la característica de haber sido construido junto a la puerta más importante de la ciudad amurallada y el puente romano.  Entre los siglos XIII y XIV Ronda pertenecía al reino nazarí y era uno de los pasos obligados hacia el Estrecho y el Magreb, por lo que el trajín de viajeros y tropas era considerable, de ahí probablemente el valor de este hammam, dispuesto en un lugar clave, con la idea de facilitar a los viajeros y soldados la posibilidad de un baño. La costumbre era que los hombres acudieran por las mañanas, mientras que las mujeres lo hacían por las tardes.  Ellas se depilaban empleando una mezcla de azúcar con agua, que se aplicaba sobre la piel en caliente para luego tirar extrayendo el vello con la raíz. Además se decoraban el pelo con henna y se perfilaban las cejas o se hacían la manicura. Para ellas era una tarde con amigas, vecinas y familia en un entorno en el que eran plenamente libres. Por otro lado, no olvidemos que estos baños también tenían funciones religiosas, como la purificación; o funciones sociales, como el encuentro, o el negocio. [3]

Ir al hammam supone seguir un ritual, que lleva su tiempo, atravesando una a una, sin prisa, las tres estancias cada cual con su función. Se accedía a un patio porticado con fuente en el centro, donde estaban las letrinas en un costado, había una zona de vestuario y sala de recepción (al-bait al-maslaj), luego se pasaba a la Sala fría (bait al-barid), que consistía en un rectángulo con pequeñas albercas con agua fría para reposar antes de proseguir hacia la sala templada (bait al-wastani). Finalmente disfrutar de la sala caliente (bait al-sajun) junto a la caldera. Como ven a medida que las salas se van alejando de la zona de la caldera, las salas se van enfriando. [4]

 “¡Cuánto fulgor y cuánto esplendor tiene nuestro hammam!
Al verlo, se diría que es cosa de magia.
Es un refugio que reúne el agua y el fuego,
Como el corazón que encierra alegría y tristeza.”

-          - Tudela, poeta del siglo XI

Funcionamiento del Hammam (TELEMADRID)



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Bibliografía:


[2] Sevilla a comienzos del siglo XII. Tratado de Ibn Abdun traducido por Emilio García Gómez y E. Lévi-Provençal. Biblioteca de temas sevillanos.

[3] http://www.turismoderonda.es/catalogo/esp/baniosarabes.htm

[5] Esplendor de al-Andalus. Henri Pérès, traducción de Mercedes García-Arenal. Libros Hiperión.
[6] http://amazighen.wordpress.com/2010/05/03/hammam-el-placer-de-los-sentidos/ (mayo 2014, 10:56)

1 comentario:

  1. Hola, Ana
    Un tema interesantísimo
    Yo creo que esta tradición heredada de al Andalus es la que me le gusta a muchos españoles :)
    Una cosa me extrañaría el dicho este: “un musulmán no debe dar masaje ni a un judío ni a un cristiano”. o sea no lo comprendo, o sea ¿estas segura de la fuente que lo mencionó?

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