Me miras, y te miro. Me sonríes, y te sonrío. Nos acercamos mientras nos seguimos mirando, como dos tontos. Y nos damos de la mano. Como yo soy más pequeña que tú, me coges en brazos y giras, giras, y giras sin parar. Nos caemos al césped, dados de la mano. Nos miramos, nos abrazamos. Entonces, abres la boca como la intención de decirme algo pero de tus labios no sale nada. Sigues moviéndote, pero no puedo escuchar nada. ¿Qué dices? No te entiendo. Y me miras desesperada, chillándome ese algo que yo no entiendo. Porque no oigo nada. Poco a poco también pierdo la vista. Y sé que te mueves, pero para mí no eres más que una sombra de color gris oscuro. ¿Dónde te escondes?, ¿puedes verme u oírme? Y siento que te mueves, noto que tus brazos vienen hacia mí con la intención de abrazarme. Yo no siento nada. Despacio, despierto entre las sombras, y poco a poco recupero el sentido tratando de cerciorarme de que esto ha sido una pesadilla. Abro definitivamente los ojos, y mi sorpresa es que estoy en lo cierto: solo queda un pañuelo de seda azul con tu perfume en el suelo, pero tú ya no estás.
martes, 25 de marzo de 2014
domingo, 23 de marzo de 2014
No se puede comprender la historia de Malí sin entender la historia de al-Ándalus
Ismael y su padre tuvieron que abandonar Malí a causa de la mala
situación. Desde entonces, el escritor ha pasado por Suiza y Francia, huyendo
de este pasado de amenazas. Cuenta en la entrevista que tuvo que abandonar el
país en abril de 2013, cuando la ciudad en la que residían cayó en manos de yihadistas. Después de ello,
dejó abandonados miles de manuscritos que tratan el legado de al-Ándalus y que
han estado conservándose desde el siglo XV hasta los años noventa, cuando los
recuperó su padre. Ellos afirman que “no han perdido los documentos, solo han
tenido que dispersar el fondo”. Esto significa que para salvar los documentos
los han tenido que esconder para protegerlos de las manos de los yihadistas[2],
que tienen la intención de quemarlos. Una de las manos que está protegiendo
este tesoro es la de Baba Pascal Cámara, el conductor de la familia, que los ha
estado guardando en todas las visitas que han hecho los radicales a la
Biblioteca Andalusí para acabar con ellos. Sin embargo, no todos han podido
salvarse, como los del centro Ahmed
Baba, que finalmente fueron quemados[3].
La Biblioteca a la que me refiero
todo el tiempo se conoce con el nombre de “Biblioteca Andalusí de Tombuctú”,
que además fue financiada por la Junta de Andalucía con 1200 euros en 2002[4], para la conservación de
estos documentos. Para el proceso se desarrolló un manifiesto en defensa de
dicho fondo, que firmaron autores como Muñoz Molina, Goytisolo o José Saramago,
impulsados por Ángel Valente, que fue quien inauguró la Biblioteca. Todos ellos
quisieron difundir el legado, pero la situación política del país ha hecho
imposible este proceso.
El siglo XIX ha sido turbulento
e inestable, y por eso, los fondos han
debido distribuirse para alejarlos del peligro. Actualmente se encuentran
protegidos por miembros del clan, que han estado custodiando el tesoro desde el
siglo XIII al XIX, para evitar su pérdida. De hecho, Ismail y su padre han
conseguido salvar 3000 documentos[5].
Esta noticia es
interesante para demostrar una vez más que el legado de al-Ándalus no está tan
lejos de nuestra historia como nosotros pensamos. La labor que han hecho Ismael
y su padre va más allá de lo que es la humildad. Han conseguido salvar parte de
la historia y eso no tiene precio. La noticia explica bien la importancia que
supone la historia y el saber guardarla y aprender de ella, y no debemos
olvidar que a veces para protegerla, los daños que pueden sufrirse son enormes.
El primer ejemplo que se nos vendría a la mente en este caso es la quema de
libros o de cuadros durante la Segunda Guerra Mundial, como ocurre en tantas
otras guerras. Por lo tanto, creo que el acto de Ismael Diadié es muy valiente
y digno de admiración. Gracias a él dentro de unos años aquellos que estén
interesados en la historia del al-Ándalus y hasta donde ha llegado su legado,
podrá consultar y estudiar estos textos que tan bien han sabido proteger.
[1]
El País, La historia de al-Ándalus huye de Tombuctú, José Naranjo, Madrid, marzo de 2014.
[2]
El País, Las autoridades malienses denuncian graves daños en la herencia de
Tombuctú, Alberto G. Palomo, enero del 2013.
[3]
El País, El guardián
del legado andalusí, Ginés Donaire, Madrid, febrero de 2013.
[4] El País,
Papeles en el desierto, Reyes Rincón, Madrid, julio de 2012.
[5]
Webislam, La mítica
biblioteca de Tombuctú desvela las claves del Islam en España, Agencia
Islámica de Noticias, febrero del 2000.
Moros y cristianos en Alcoy
Las fiestas de Moros y Cristianos son las más importantes de Alcoy.
Están dedicadas a San Jorge y a su alrededor existe una gran tradición. Se
celebran desde el siglo XVI y recuerdan una batalla ocurrida en 1276. En
aquella época, la ciudad se encontraba en la zona fronteriza con el territorio
dominado por los musulmanes en la península. Las escaramuzas eran frecuentes y
el 23 de abril de ese año, las tropas árabes de Al-Azraq intentaron asaltar la
villa. Cuenta la leyenda que, en el transcurso del enfrentamiento, apareció San
Jorge y gracias a su intervención, el ejército cristiano ganó la batalla,
provocando la retirada definitiva de los musulmanes. Como reconocimiento, los
habitantes de Alcoy le nombraron patrón de la localidad y prometieron celebrar
una fiesta en su honor cada 23 de abril.
De este modo, todos los años, la ciudad se engalana como si fuera la
Edad Media para vivir su fiesta mayor. El primer día, se produce el
espectacular desfile de los bandos moro y cristiano: los miembros de las
distintas agrupaciones que componen cada uno de los ejércitos recorren las
calles de Alcoy con porte majestuoso y vestidos con atuendos de lujo. Alrededor
de 5.000 personas participan en este acto multitudinario. El segundo día, se
celebran los diferentes actos en honor a San Jorge. Y el tercero, se realiza la
gran batalla en el castillo instalado en la plaza de España, que simboliza la
ciudad. Hasta allí se acercan las tropas musulmanas para intentar que los
cristianos se rindan, pero la oferta es rechazada y comienza una lucha que
acaba con la ocupación de la fortaleza por parte de los árabes. Por la tarde,
el ejército cristiano vuelve a reconquistar el castillo y, tras negociar sin
éxito la rendición de los ocupantes, empieza el combate final, en el que los
moros son derrotados. Por la noche, la aparición de San Jorge pone fin a estos
tres días de fiestas hasta el año siguiente. El patrón de la ciudad surge en lo
alto del castillo, montado a caballo y lanzando flechas que, si lo desea, puede
llevarse como recuerdo.
El 23 de abril de 2013 salió a la luz una noticia que hablaba
precisamente de esta fiesta, y cuyo titular dice así: “¿Irán? No, Alcoi”[1].
A pesar del título, que considero poco apropiado porque Irán no tiene nada que
ver en este asunto, la polémica viene por el “atuendo” que llevaban los
componentes de una de las carrozas, en concreto, la de Benimerines. En ella,
hombres y mujeres se colocaron un niqab, como intento de simular la vestimenta de la mujer andalusí y
musulmana. Como en todo, ha habido una parte que lo ha considerado muy polémico
por la defensa de los derechos de la mujer; y la otra parte, lo ha considerado
simplemente como una representación que nada tiene que ver con la política. Sin
embargo, este tema puede girar en torno a muchas direcciones, por lo que hay
que tratarlo con delicadeza. Sí que es verdad, que esto es solo una fiesta y
que no hay que hacer política de ella, pero da qué pensar que el atuendo del
año mil y pico siga siendo el mismo que el que llevan las mujeres en la Arabia
Saudí actual (por ejemplo, porque no todas las mujeres musulmanas llevan niqab). Pero, ¿cómo podemos analizar estas opiniones? Si tiramos por la rama
del feminismo occidental diremos que esto es una opresión a los derechos y
libertad de la mujer, pero si nos ponemos en la piel de las mujeres que llevan
ese velo porque quieren, entonces el opresor no sería el Islam, sino el
feminismo.
Para entender bien el asunto, primero debemos conocer los diferentes tipos de velo que existen: está el hiyab que cubre solo la cabeza y la garganta; está el burka que cubre a la mujer entera; luego el niqab que deja ver los ojos; el chador que caracteriza a las mujeres iraníes para salir de casa, que cubre todo el cuerpo y puede combinarse con un pañuelo en la cabeza; y la shayla que es un pañuelo que va alrededor de la cabeza y se emplea sobretodo en la zona del Golfo Pérsico. Sin embargo, la mujer andalusí no era portadora de ninguno de estos atuendos. La mujer andalusí llevaba velos que decoraban su cabeza, altos tocados, y se cubrían el resto del rostro cuando el decoro lo exigía [2]. En algunos sitios era por religión, pero en otros era por lo dañina que era la luz del sol (por eso a veces los hombres también se cubrían)[3]. Además, como en cualquier pirámide social, la mujer que pertenecía a la clase alta se vestía con telas transparentes, anchas, de colores vivos y con tocados. En cambio, la mujer más pobre era la que vestía con telas más oscuras y tocados no tan suntuosos[4].
Por lo tanto, esta noticia abre dos frentes diferentes. El primero es el de la fiesta de Alcoy, que es una fiesta que conmemora la ayuda de San Jorge en una batalla contra los moros, pero nada más que haya que politizar. La siguiente aclaración que hay que hacer es: que no hay que confundir entre la vestimenta de la mujer musulmana actual, con la vestimenta que llevaba la mujer andalusí. Además, la carroza aunque intenta representar un hecho histórico se ha equivocado completamente de etapa, porque como ya he dicho en el párrafo anterior, la mujer andalusí no vestía con niqab.
[1] El
País, ¿Irán? No, Alcoy, Ezequiel Moltó, Valencia, abril de 2013.
[2] Rachid
El Hour, La indumentaria de las mujeres andalusíes a través del zahrat
al-Rawd fi Taljis Taqdir al-Fard de Ibn Baq, Madrid.
[3] Temas
para la Educación, Mujer y vida cotidiana en al-Ándalus, nº4, septiembre, 2009.
[4] La mujer en al-Ándalus, Paula Sánchez.
miércoles, 19 de marzo de 2014
"Ese alguien"
Déjame coger tu mano
Déjame decirte algo, que creo que vas a entender
Quiero que seas "ese alguien"
quiero coger tu mano, quiero agarrarla fuerte
Por favor, háblame
Déjame que sea "ella"
Quiero entregarme, ser parte de tí
Por favor, déjame coger tu mano
Quiero estrechar tu cuerpo contra mí
Cuando te toco puedo sentirte dentro de mí
Mi alma se inunda de ternura
Y no puedo frenar ese sentimiento
No puedo esconder nada
Eres "ese alguien" y yo solo quiero coger tu mano
Quiero agarrarte y estrecharte contra mi pecho
Quiero tenerte
Muy cerca, cada vez más.
Barreras
Hoy he llegado a un punto en el que ya
no puedo más. No puedo. No sé si la sensación es física o psicológica, pero el
caso es que no puedo ni con mi alma. Las cosas se han puesto difíciles otra vez
y a veces siento que estoy sola contra el mundo. Muchas veces es verdad que no
quiero aceptar favores o la ayuda de nadie, porque desde pequeña he estado
escuchando “esto lo tienes gracias a mí”; “eres quien eres por la ayuda que te he dado”;
“si no salieras conmigo estarías sola”. Y así siempre, desde que era muy
pequeña. Claro, ahora con casi 20 años esas palabras siguen retumbando en mi
cabeza como si fueran balas, y cargo con ellas en la espalda como si fueran
piedras. Intento hacerme fuerte cada día, decir que he superado el pasado, que
estoy bien y que quiero salir adelante. Pero no es verdad. Estoy mintiéndole al
mundo, a mis amigos, a mi pareja y a mi familia. No dejo de mentir. Siento, en
ocasiones, un dolor que me oprime el estómago y el cerebro, no pienso con
claridad, me bloqueo y lloro constantemente. Cualquier cosa que pasa es motivo
de preocupación, y las sonrisas desaparecen de mi cara cada vez más veces al
día. Siento frustración, cansancio e inutilidad. Pienso, ¿por qué no hago nada
bien?, ¿por qué cada cosa que empiezo tengo que dejarla? Pero no consigo hallar
respuesta. Lo que hago es encerrarme en mí misma, en mi caparazón: donde nadie
me pregunta y donde yo pongo las reglas.
Y la verdad es que quiero luchar, que quiero
salir adelante y que quiero avanzar. Pero parece que cada vez que levanto un
poco los ojos, me doy con otra pared. Y de nuevo a escalar, a sudar y a
esforzarme para volver a caer. Siempre dicen que “son los buenos los que ganan”,
“que cuando se cierra una puerta se abre una ventana” y que “todo ocurre por
una buena razón”. Pero yo no me creo nada de esto. Me esfuerzo cada día
intentando no desesperar a nadie, no decepcionar a los que me quieren. Abro los
ojitos cada mañana pensando: “hoy va a ser un gran día”, pero luego todo se
vuelve del revés. Hago lo que puedo por ser la mejor alumna, la mejor novia, la
mejor hija y la mejor nieta, pero nada es suficiente. Es como gritarle a una
pared: que no sirve de nada.
Lo que en realidad ocurre es que me siento
una inútil. Nada sale como espero, y no sé si es porque no entiendo las cosas, porque
me he confundido de lugar o porque simplemente no puedo aspirar a más. Y no sé qué
hacer. Y pienso, pienso cómo mejorar, pero nada se me ocurre. Entonces, busco
apoyo en los demás; miro a través de sus ojos para ver qué piensan ellos, que
ven en mí, pero no encuentro nada. Solo pido una recompensa real. Que me den un
abrazo y un beso cuando llego a casa, un te quiero cuando sea necesario y una
palmada en la espalda cuando me lo merezca. Necesito saber que de verdad valgo
algo, que soy alguien y que estoy aquí porque tengo una función. Ando todo el
día buscando en los recuerdos, para saber qué hice mal y en qué puedo mejorar. Hago
horarios, planes y me pongo objetivos, pero todo parece demasiado para alguien
como yo. Parece que no valgo nada, que doy vueltas en círculo, que soy una
pescadilla mordiéndose la cola. Siento que estoy fuera de este mundo, que soy
un alma que anda por aquí suelta porque tiene que ocupar algo de espacio, pero
que en realidad no vale nada. Me canso continuamente, me dan ganas de gritar,
de llorar de rabia. Me dan ganas de comerme el mundo, pero después me doy
cuenta de que eso no es para mí.
Solo pido un guía, alguien que me abra los
ojos y me enseñe todo lo que me estoy perdiendo.
No tengo palabras
Siempre empiezo todas las cartas diciendo lo mismo: "Quiero escribirte una carta pero no sé qué decir". Pero luego siempre sigo. Y me doy cuenta de que tengo que seguir escribiendo por dos motivos: porque es la única forma que tengo de comunicarme y porque te lo debo.
Me cuesta mucho decir lo que siento, lo que pasa por mi cabeza; reconocer mis sueños, mis esperanzas y mis locuras. Durante toda mi vida me he dedicado a formarme como si fuera una piedra. Evitando llorar y reír delante de los demás. Si no muestras los sentimientos ellos no pueden hacerte daño, así que ser una piedrecita sin voz ni voto, era la mejor de las opciones. Pero, entonces te conocí. Muchas veces, en muchos poemas y en muchos textos lo he descrito de la misma manera: que fue inesperado. Se conocen personas todos los días, pero a no ser que te influyan mucho, no consiguen cambiarte. Sin embargo, tú me llegaste al alma. No sabía de que color tenías los ojos y ya estaba enamorándome de ti. No sabía cuál era tu comida favorita, tu color preferido o la música que sueles escuchar cuando estás contento, y ya estaba enamorándome de ti. Poco a poco, y a pesar de que yo creía saberlo todo (porque las piedras observan y aprenden mucho de los demás), y comenzaste a enseñarme una cara del mundo que yo no conocía. Durante cuatro meses hemos ido creciendo juntos, pasito a pasito, entre discusiones, lloros y risas. Y ha sido hermoso. De confesarme que tu color favorito era el naranja, que te encanta el sushi y que eres un triatleta, pasaste a besarme, a cubrirme cuando tenía frío, a abrazarme con la mayor ternura cada una de las noches. Me cogiste de la mano en los peores momentos, me besaste en los mejores. Nunca me has dejado sola, a pesar de que he querido echarte de mi vida mil veces. Y has aguantado mis impertinencias, mis tonterías y mis problemas como si fueran tuyos. Y yo me pregunto: ¿cómo se forja un corazón tan grande? Te admiro cada día más: por tu entereza, tu entrega y tu lealtad. Tienes tantas cualidades que soy incapaz de ver defectos cuando te miro a los ojos. Solo veo bondad, amor y alegría. Y pienso: ¿cómo puedo tener algo tan grande entre mis manos?
Contigo, cada día es una sorpresa, algo nuevo, algo maravilloso. Me encanta cuando te esfuerzas por llegar a un acuerdo conmigo, como evitas que discutamos hasta cuando me pongo cabezota. Me enamoras cada día más. Y, es que me conoces tan bien. Cuando pongo mis caras de niña pequeña para pedirte un beso, cuando te pido espacio y aún así vienes por detrás, me abrazas y me susurras: "todo va a ir bien, mi niña". Contigo siento que puedo descansar, que por fin puedo mostrar las emociones (a pesar de que a veces me sienta muy avergonzada). Es difícil abrir las puertas de un corazón que está tan cerrado como el mío, pero lo haré por ti, porque no quiero perderte y porque tu confianza, es para mí, más que un tesoro.
Gracias, por secarme las lágrimas, besarme, acariciarme y quererme.
Gracias por estar ahí sin que nadie te lo pida, por cuidar de mí en mis desvelos, por tranquilizarme en cada pesadilla.
Gracias por soportar cada uno de mis caprichos, por compartir tus penas y alegrías.
Gracias por no dejarme sufrir sola.
Pero sobretodo, gracias por querer ser mi presente, pasado y futuro.
Y todo esto no lo digo yo, te lo dice un corazón que quiere compartir todos sus secretos contigo.
Para siempre.
domingo, 16 de marzo de 2014
La conquista islámica y el uso político de la historia Mercedes García Arenal
Mercedes García Arenal es una arabista licenciada por la
UCM, que se dispone a reseñar el libro de Eduardo Manzano, Conquistadores,
emires y califas. Los Omeyas y la formación de al-Ándalus.
Siempre se ha estado
debatiendo la cuestión del Islam en la Península Ibérica o en Occidente, pero
el problema es “que siempre se acrecienta
alimentado por una cadena constante de acontecimientos que están afianzando el
sentimiento de enfrentamiento e incompatibilidad”. Las posiciones cada día
son más radicales, y aunque las voces que realmente tienen autoridad intentan
que se las escuche, nunca conseguimos admitir del todo que el Islam forma parte
de nuestra historia. Sin embargo, el problema radica en que siempre se
presentan estas civilizaciones dentro de unos mismos parámetros, de unas mismas
características, y eso impide que puedan conocerse más a fondo. De hecho, estos
debates no tienen naturaleza histórica, sino que la cultura no llega a
conocerse, y el debate es más político que histórico. Desde este punto de
vista, el Islam aparece siempre como una cultura incompatible. El debate actual
ni siquiera hace un análisis de la cultura, sino que hace una “división por raza”.
Sobre lo que respecta a
Eduardo Manzano, conocido historiador medievalista, desarrolla su libro en
torno al debate del al-Ándalus del siglo XIX, que ha terminado en una relación
de enfrentamiento del Islam con la cultura española. Sin embargo, este interés
no acaba de nacer, sino que viene formándose desde los años 70. España llevaba
años viviendo en blanco y negro, y el concepto de identidad nacional estaba
algo borroso. Por eso, cobró bastante atractivo el pensar que en la Edad Media,
existía esta coexistencia pacífica entre ambas culturas. En cambio, al mismo
tiempo se ha producido un “contra-mito”,
que justifica el programa político creado por el multiculturalismo y la
globalización de la cultura de signo islamista. Este proceso socio-político del
que hablamos, viene de publicaciones como las de Aznar, que dijo que “el problema con Al-Qaeda empezó hace mil
trescientos años”, y demás, que se empeñan en utilizar una determinada
biografía que no habla ni mucho menos del legado que nos ha dejado al-Ándalus.
Esta es una de las civilizaciones medievales mejor conocidas, ya que numerosos
arqueólogos, historiadores de arte, o arabistas, han dedicado su tiempo y
esfuerzo a conocer “la verdad” de dicha etapa de la historia. Pero no es esta
la única barrera con la que quiere acabar, sino que también quiere derrotar
aquella que separa los medievalistas del mundo cristiano y los del mundo
musulmán (arabistas). Esta separación tan dañina viene de un difuso concepto de
historia nacional, y por razones de “división
universitaria entre departamentos y sus disciplinas”. Eduardo Manzano se
propone acabar con toda especulación en su libro. Según la autora: Está muy bien escrito, desde un punto de
vista formal, literario. Gracias al libro, se consigue colocar al-Ándalus
dentro de las corrientes normales que desarrollan las sociedades medievales. De
esta manera, se evita el rechazo hacia “los moros”, como se dice en España (y
como resalta la autora).
El libro, desarrolla los tres siglos que siguieron la
conquista árabe del 711 y de la formación de al-Ándalus. Para ello, ha empleado
fuentes árabes y latinas, junto a fuetes de numismática y arqueología. Otra de
las características es que no se centra demasiado en la religión, sino en la
sociedad, el sistema administrativo, los recursos, la economía el ejército o
las revueltas; junto con las formas de poblamiento, la artesanía, las
innovaciones técnicas o el cultivo. Es un libro más socio-político que
religioso. Sin embargo, respecto a lo que a religión se refiere, no olvidemos
que actualmente no existe una misma percepción. En esta época se combatía en
“nombre de Dios, porque es único”, y de hecho como no paraban de vencer,
parecía que éste les apoyaba (no olvidemos que solo hacía 80 años de la muerte
de Mahoma). Es curioso, que los primeros musulmanes se denominaran solo como creyentes, teniendo en cuenta que además
todavía no se había formado el Islam Ortodoxo. Y, no olvidemos que durante esta
etapa hubo una masiva conversión al Islam, y como dice la autora: “cómo sabría un converso si se había hecho
verdadero musulmán”. Estos lazos se formaban como un nuevo acto de
vasallaje, en el que el converso aportaba muchas cosas de su antigua vida,
formando algo así como “una nueva religión”. No solo se formó una nueva
religión, sino “un nuevo orden” social y cultural, en la que había menos
conquistadores que conquistados. Por eso, la conquista terminó por ser una
conversión radical y creadora de una nueva masa religiosa, que facilitaba la
cohesión del Imperio. Como dice manzano: “era un monopolio”, uy bien organizado
a través del ejército.
Como aspecto negativo, la autora resalta que echa en
falta “un mayor énfasis en el aspecto ideológico del poder político y las
características de autoridad sobre sus súbditos”. También, echa de menos la
formación religiosa del Islam en relación con la sociedad. Según ella, Manzano
no ha hecho ni caso a las frases de transformación social y al proceso de
islamización y arabización, además de la imposición de la lengua árabe. La
conversión de la lengua es una de las claves. Los judíos y cristianos escribían
el árabe, por lo que esta fue la lengua oficial de al-Ándalus (por mucho que
otros se empeñen en borrarla de la memoria histórica). En cambio, no deja de
definir el libro como “importante” para un mayor conocimiento sobre al-Ándalus.
Manzano termina hablando de un territorio totalmente islamizado y arabizado,
pero no continua hablando de su formación hasta la actualidad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

